miércoles, 6 de abril de 2011
Entre San Pedrito y las críticas.
lunes, 4 de abril de 2011
Como debe de ser.
Un amigo de esos amigos medios aniñados que tengo, andaba diciendo : “en cual bus vas vos ve” y yo que pensaba que era unas de sus ocurrencias y ha sido popular la frase porque en el cine viendo la película de la entrada anterior lo oí en otros aniñados del cinemark y en el mismo tono de burla, y bueno ahí pensando en las frases que uno dice de burla y terminan en parte de las kiteñidades , como el buen “como debe de ser” que una prima decía , o el buen “Jesús vecina casi me muero”, que traducido al inglès es Jesus neighbor I almost die, o topemos en la zona, que en castizo de la madre patria es “Nos vemos en la mariscal”, en la plaza foch normalmente, o la buena conjugación de nuestros verbos que un suizo me decía que los decimos en futuro “agradecerás ve”, o el “darás viendo al guagua”, y hablando de esto me acordé del “Geovanny pasame la chauchera, apurate”.
Y bueno vecinos de Quito ahí avisaràn si se les ocurre otra frase , chachay que frío que hace hoy y me voy a los brazos del Morfeo.
A tus espaldas (behind ur back)
Y ahora me vengo a enterar de que la virgen nos bendice a los ricos del norte, como bien dice mi foto, la única virgen de Quito, ni que el norte todo el norte fuera de ricos, ahí està el Condado y arribita la Roldos, si van a ese barrio verán que no es de ricos, y carapungo city que se debería llamar Esmeraldas Chiquito, porque afros hay para dar y repartir.
Volviendo a la película, buena actuaciòn de Gabino Torres, primo de una amiga, y lo que hace a las películas ecuatorianas reírnos de nosotros mismos y en este caso màs de los quiteños, medios longos medios creídos, el huevoff, el “chupar” en los shyris, y como me fui con a ver la peli con una amiga “gringuita” se le explicó que era el cholometro y en conclusión la película me dejó 3 cosas:
Ganas de ir al panecillo
Ganas de releer el cholometro
Y pena de los colombianos, que aunque a veces caigan mal también sufren, como los ricos del norte que tambièn lloran.
Quito y puertas
Hasta el centro del mundo que es Quito debe tener un centro, así que caminar por el centro de quito es caminar por el centro del centro, la médula de todo.
Claro que no es fácil llegar en el trole, donde te mueves al son de la marea humana, donde afloran los olores y no queda màs que respirar por la boca, más que nada en horas pico, pero desde que se pasa el banco central todo cambia, y vuelves a los años de la conquista, donde iglesias y casas te hablan de lo indio y lo español, madrastra España, tierra de indios.
Las plazas, más que nada la de san francisco se ve inundada por ratas voladoras que llamamos palomas, que a veces cagan las iglesias, y a veces nos cagan el ánimo, y bueno claro que intentaron matarlas, pero casi terminan envenenando a medio barrio, que viéndolas muertas pensaron que diosito se apiadó de su hambre y les dio pichones para el almuerzo de los guaguas.
En fin volviendo al tema, caminas por el centro del mundo, y las aceras son tan angostas que parece uno se va encima de los autos, pero también vale la pena, porque te das cuenta que hay miles de puertas, cientos de casas, algunas casas con más de cinco puertas , y si quieres saber como pasa el tiempo mira una, en pleno siglo 21 todavía tienen aldabas, de esas pesadas de hierro, que si te remuerdes el dedo te duele toda la semana, y huelen a palo santo y a nostalgia de tiempos mejores, algunas astilladas y las de las esquinas con meado de borracho, pero están ahí vigilantes a todos los que hemos caminado por la cuesta del suspiro, por la calle del cucurucho de San Agustín, por la calle Flores, por donde vivía la Bella Aurora, por sino se acuerdan, la de la leyenda del Toro.
A veces me pregunto de que madera serán esas puertas que a pesar de las polillas, de los golpes de la vida y de tanta gente, del smog, de la lluvia y los soles de quito (todo en un mismo día) siguen ahí, firmes, escondiendo zaguanes de piedra donde a veces es bueno dar un beso, escondiendo tristezas y también siendo la entrada de algún hotel lujoso, de algún presidente, de los feligreses, de los quiteños quiteños, de los chagras que se creen quiteños, esas puertas entrada a los museos, que a las cinco se cierran y se guardan entre sus anchas paredes y sus aldabas de hierro al duende y los fantasmas, que cuando estás en el centro de quito, aun parecen que viven.